La Biblioteca Central de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCUYO) amplió su Fondo Latinoamericano de Ecuador con 50 libros donados por el Centro de Investigación y Cultura del Banco Central de Ecuador.
La primera parte de esta colección la gestionó el propio Arturo Roig, quien durante su exilio en Ecuador hizo un gran esfuerzo intelectual por rescatar el pensamiento de ese país en diferentes campos del saber, dando origen a decenas de libros hoy imprescindibles. En ese momento se incorporaron más de 700 títulos. Entre ellos, se logró obtener la colección casi completa de la Biblioteca Ayacucho, editada en Venezuela. En 2016, la Biblioteca recibió una donación de 24 volúmenes del trabajo Memoria histórica de los tratados bilaterales y regionales suscritos por la República de Ecuador desde 1830, la cual nutrió la gran colección ecuatoriana iniciada por el filósofo mendocino.
Encabezaron el acto, la rectora de la UNCUYO Adriana García; la cónsul de Ecuador en Mendoza, Bernardita Romero de Battistón; el director del Sistema Integrado de Documentación (SID), Horacio Degiorgi; y el director de la Biblioteca Digital, Adrián Méndez. Participaron también autoridades consulares de Brasil, Perú, México, Bolivia y Alemania, además de integrantes de la comunidad universitaria. Antes de las palabras, hubo un momento artístico a cargo de la Orquesta de Cámara de Cuerdas "Las solistas de los Andes".
La Biblioteca Central, un espacio de todos
En su discurso de bienvenida, Adriana García puso en valor a la Biblioteca Central de la Universidad como un espacio de la memoria, que alberga también la biblioteca personal de don Arturo Roig. “Es muy importante tener memoria, porque la memoria se asume, se transmite, pero también se conserva y estos son los ámbitos para conservarlo", afirmó.

“Esta donación de libros —continuó la Rectora—, en un momento en que en la República Argentina todo está en cuestionamiento, hasta la propia edición de los libros está en cuestionamiento, cuando tenemos una ley que nos ampara, una ley que ha sido consensuada por imprenteros, editoriales, libreros, hoy se pone en entredicho, la Universidad Nacional de Cuyo ofrece, no solamente a la comunidad de Mendoza, ofrece a Latinoamérica, al mundo, un ámbito de memoria”.
"El libro es la evidencia de lo que somos y de lo que queremos transmitir a las próximas generaciones. Este es un espacio de experiencia y de memoria pero también es un espacio en el que transmitimos a las nuevas generaciones un horizonte de expectativa. Agradezco, Bernadita, que hayas pensado, seguramente con el cuerpo consular, esto es importante para la Universidad Nacional de Cuyo”, concluyó la Rectora.
“Desde la conformación de la Biblioteca, y de todos los acervos que tenemos dentro de las bibliotecas de la Universidad, siempre ha sido muy importante la colaboración y el conformar núcleos de información. Esto conforma otro núcleo de información, puntualmente de Ecuador, que vamos manteniendo en el tiempo y vamos convirtiéndonos en el último bastión de la información real y no artificial. Es importante para nosotros continuar con esta tarea y con esta responsabilidad que nos da el consulado de Ecuador”, señaló, por su parte, el director Horacio Degiorgi.
En tanto que, el coordinador Adrián Méndez mencionó que el Fondo surge a partir del vínculo que tuvo Isabel Piñeiro —directora del SID e impulsora de la red de bibliotecas de la Universidad— con Arturo Roig. "Gracias a ellos empezamos a armar esta colección de Ecuador que logramos en su momento que tuviera cerca de 700 títulos que fueron donados. Y también conseguimos la Biblioteca Ayacucho, editada en Venezuela, que también fue una gestión Arturo para traer los libros acá. Es el único lugar en Argentina donde se encuentra la colección completa en papel", subrayó.

“Esto es un acto formal, algo así como una fiesta. Tengo que agradecer a los anfitriones. Realmente vale la pena trabajar con un equipo interdisciplinario como el de la Biblioteca. Trabajan desde hace tantos años como un equipo de trabajo con mística. Todas las personas que asisten a esta Biblioteca o que la conocen pueden dar cuenta de ello. Ese tipo de trabajo impulsa una clara identidad, que la define como un espacio de todos”, señaló la cónsul de Ecuador en Mendoza, Bernardita Romero de Battistón.
Acto seguido, la Cónsul agradeció y ponderó la relación con sus pares de Brasil, Perú, México, Bolivia y Alemania, allí presentes. “Somos un grupo de colegas que pretendemos ser amigos. Los insto para que de acá en más preparen y programen actividades relativas a sus consulados en este espacio emblemático de Mendoza”, dijo en referencia a la Biblioteca Central, indicando a la vez que este acompañamiento habla de una fuerte articulación: “Esto es un trabajo conjunto que cada uno de los consulados pretende hacer: el acercamiento a nuestra comunidad, pero fundamentalmente qué cosa podemos devolverle a la comunidad”, agregó.
También destacó la presencia de alumnos del colegio República del Ecuador, de Fray Luis Beltrán, invitados especialmente: "Esa escuela tiene un significado muy profundo para nosotros porque tenemos una relación y amistad genuina. Su proyecto educativo supera las individualidades y se han convertido en una especie de polo de atracción de la comunidad rural aledaña". En ese sentido, agregó: “Nuestra colectividad es pequeña, pero a la vez es grande, tiene un corazón enorme, los amo, me acompañan siempre. Y hoy en realidad estamos festejando, en el marco del 217 aniversario de lo que fue en el año 1809, el primer grito libertario, no solamente de Ecuador, de Latinoamérica. Entonces, quisimos festejarlo de una manera nueva”.

Nuevos libros para el Fondo Ecuatoriano
“Estos libros que hemos donado nosotros es gracias a la labor editorial del Banco Central del Ecuador. Parece mentira un banco haciendo cultura”, deslizó Romero de Battistón, quien compartió detalles del origen del material que fue un "obsequio" del Centro de Investigación y Cultura del Banco Central del Ecuador —así quedó estampado en cada libro—. “Hace seis o siete años, un día llegaron en un camión al Consulado cientos de libros del Banco Central del Ecuador. Supe mucho después que secretamente Arturo Roig le había pedido a su gran amigo Iryn Zapater, que en ese momento era director de ese Centro, que quería que el Consulado acrecentara su biblioteca de consulta”, relató.
"Estos libros ahora están acá, y muy egoístamente les digo me parece que los voy a extrañar porque han formado parte de una biblioteca que me ha acompañado prácticamente desde que inicié mis actividades. Pero creo también que donarlos implica algo así como darles una segunda vida. Sé que estos libros van a ser consultados, sé que van a ser leídos, que se los van a poder llevar, pero no los dañen, porque ya no existen ediciones de esos libros. El Banco Central del Ecuador tuvo una labor editorial maravillosa”, mencionó la funcionaria.
También se refirió a la donación de la colección que editó la cancillería ecuatoriana —una veintena de volúmenes— y que reúne tratados bilaterales y regionales que firmó el Ecuador desde el año 1830. "Esos libros son cada uno joya. Ojalá que ustedes los puedan consultar. Yo los animo a que se hagan todos socios, socios externos de la Biblioteca y puedan venir y nos puedan consultar, la verdad que vale la pena", concluyó Romero de Battistón.