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Enrique Noya: Un Montañés de CNEA

Días atrás dejó de existir quien fuera presidente y pilar superlativo de la Fundación Escuela de Medicina Nuclear, entidad que la UNCUYO integra. Aquí un sentido homenaje de su amigo, Valentín Ugarte, ex gerente de la FUESMEN.

27 de octubre de 2020, 18:08.

Enrique Noya: Un Montañés de CNEA

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Hace 30 años a partir de un sueño, nacía una ilusión: contar en el país con un Centro de Medicina Nuclear dedicado a la docencia, asistencia e investigación, dotado de tecnología de vanguardia, pero fundamentalmente con recurso humano altamente capacitado con profunda vocación de servicio para la lucha contra enfermedades como el cáncer, cardiovasculares y neuropsiquiátricas y a la preservación del estado de salud alcanzando en lo posible a todo el territorio nacional. 

Para que esto se hiciera realidad se requería no sólo de la existencia de un proyecto sino de personas férreamente dispuestas a poner el dominio de su inteligencia y de su voluntad para el alcance del objetivo.

Podríamos comparar a estos hombres y mujeres con los hombres de montaña, que saben de la lucha interminable, tesonera y muchas veces dramática para desafiar la obstinada resistencia de la naturaleza. El embrión del proyecto necesitaba un ámbito muy especial para anidar y dar sus primeros pasos, ahí estuvo la CNEA bajo la Presidencia del Dr. Manuel Mondino, poniendo a disposición del proyecto su capital intelectual y económico. Así nació FUESMEN el 1 de julio del año 1991. Y con los primeros pasos de la vida institucional, llegaron los primeros CNEA, el Ing. Pedro Tadini, la Lic. en física María del Carmen Rota y un hombrecito de baja estatura que a la distancia resaltaba, un traje gris claro, con un largo del saco llamativo, presencia de corbata, camisa blanca y ya en la proximidad una cabellera muy especial, en un rostro también muy simpático enmarcado por grandes anteojos, que daba el aspecto de un científico misterioso.Y si a ese traje lo vería varias veces a lo largo de 25 años de caminar juntos, nunca dejaría de ver la presencia del “pin” de CNEA sobre su lado izquierdo del tórax a la altura del corazón. 

Como sostén de ese traje estaba el Ing. Enrique Noya, una gran persona en un pequeño cuerpo, quien se transformaría con el correr del tiempo en uno de los pilares fundamentales de la organización y junto a Pedro y María del Carmen abrirían el camino para el arribo del primero de sus discípulos, el Ing. Nuclear Diego Passadore, a quien lo seguirían otros, en su mayoría egresados del Instituto Balseiro. Se sentó frente a mí y me hizo sentir como si estuviéramos rodeando un fogón en el medio del campo en una noche estrellada con la caricia de una suave brisa, me relató su trayectoria laboral en la Comisión, destacando en todo momento, sus días de exploración en terreno en distintas provincias y sobre todo los amigos ahí logrados, que perdurarían en el tiempo y serían parte importante en su recorrido por la vida terrenal y fundamentalmente para su contención afectiva.

Fue el Ing.Noya el responsable de llevar adelante el primer Centro Pet-Ciclotrón de América Latina, fue este su hijo laboral predilecto, a él debemos en gran parte, la presencia en esta parte del mundo de una herramienta desconocida en ese entonces por nuestra comunidad médica estoy hablando en los inicios de los noventa, Unidad PetCiclotrón, cuya aplicación en la prevención, diagnóstico ,elección de la mejor terapia y seguimiento de la evolución de la enfermedad oncológica, marcarían un antes y un después en un avance extraordinario en la lucha contra el cáncer. Pero si sus logros científicos fueron importantes, el mayor valor de él residía en ese don de gente reservado para pocos, que le permitía generar afectos, transmitir conocimientos, traer tranquilidad para salir adelante en el fragor de la lucha diaria tan necesaria en el ámbito de la salud y constituirse en un buffer dentro de la organización para mantener un equilibrio entre la dureza de la aplicación de estrictos protocolos y normas de conducta dictados por la Gerencia y la elasticidad y sensibilidad necesaria para que la persona se sienta bien en su contexto laboral.

Era el Ing. Noya una persona proactiva, en lo que se propusiera hacer, desde su gestión y desarrollos tecnológicos, como en su rol de animador de las fiestas de fin de año institucionales y en las de actor en varios cortes cinematográficos destinados a generar espíritu de cuerpo, tan necesario para una institución que destaca la solidaridad y equidad. Nada fue obstáculo para dejar en todos los lugares donde le tocaba actuar una nueva impronta de profesional serio, solidario, alegre y simpático. En su persona y en quienes lo acompañaron provenientes de CNEA, aprendimos las bondades de esa organización, aprendimos a quererla y respetarla y a sentirnos orgullosos de que sea parte de nuestra genética institucional, junto a la Universidad Nacional de Cuyo y la provincia de Mendoza. Lo vi salir adelante en circunstancias muy duras de su vida familiar como fue la muerte de sus esposas y la de uno de sus hijos, algo para lo que uno nunca se prepara, sin embargo nos enseñó que es importante seguir adelante y transformar ese dolor en esperanza para los propios y para los que vendrán, profundizando las experiencias acumuladas, siempre con pasión y deseo de enseñar. 

Nos acompañó muchos años como máxima autoridad y responsable de nuestra casa en el cargo de presidente del consejo de administración de FUESMEN, pero fueron 25 años de compañía, como un padre con todo lo que esto conlleva. Seguramente en estas líneas no podré reflejar todo lo que fue como ejemplo de vida este hombrecito de traje gris para mí, para toda la familia FUESMEN y para el destino de todos los actores en el mundo de la imagen metabólica y la medicina nuclear. Fue para mí un gran compañero y amigo, lo que al principio fueron conversaciones laborales solamente, prontamente se agregaron charlas sobre la vida y creo que a partir de ahí los dos aprendimos a entendernos y a compartir defectos y virtudes, aciertos y errores en busca siempre de la suma, nunca restar y dividir. 

Personas como él, no solo deben ser valoradas, sino aprovechadas en cada segundo que nos dedican para que todos estemos mejor en este mundo, porque si algo enseña la vida y más hoy ante la pandemia que afecta a todo el globo terráqueo, es que como seres humanos continuamos siendo muy frágiles ante la naturaleza. Su vida y sus logros son dignos de resaltar e imitar, dejará un enorme vacío, pero los momentos vividos con él perdurarán en el recuerdo y su figura persistirá en forma indeleble en la vida de todos aquellos que tuvimos el privilegio de conocerlo y acompañarlo. Te despido con un fuerte abrazo Montañés compañero de cordada y con la fortaleza que nunca te olvidaré mi querido amigo “Quique”.

 

Valentín Ugarte