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La economía invisible: trabajo doméstico no remunerado

En el marco del 22 de julio, Día Internacional del Trabajo Domestico, les compartimos esta nota escrita por Magalí Pizarro y Romina Zapata, integrantes de Programa Mujeres Libres, quienes nos traen un análisis para revalorizar y resignificar las tareas de cuidado del hogar.

22 de julio de 2021, 18:33.

La economía invisible: trabajo doméstico no remunerado

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Desde los feminismos se ha explicado ampliamente cómo opera la división sexual del trabajo, eso permitió  evidenciar el entramado de uno de los mitos de la feminidad más extendidos: la asociación directa de las mujeres a las tareas del cuidado y del hogar. 

La separación entre el espacio público, asignado principalmente a los varones, y el espacio privado para las mujeres, restringió a estas a las tareas reproductivas mientras daba a la masculinidad hegemónica los lugares centrales del ejercicio del poder en la esfera pública- productiva, es decir, remunerada y altamente valorada también en lo simbólico. 

En la actualidad, las labores domésticas no remuneradas siguen distribuidas de manera desigual. Según el Observatorio "Mujeres, Disidencias, Derechos" de la organización MUMALA, la totalidad de las tareas del hogar recaen en el 58% de las mujeres, cifra correspondiente al año 2020. Además no se registraron significativas diferencias entre la carga que soportaban las mujeres en pareja con un varón en relación a las mujeres que vivían solas. 

Sin embargo, no hay que perder de vista la inmensa necesidad de la realización de estas tareas, sin las cuales no hay productividad posible. Además, la doble o triple jornada limita el crecimiento personal y profesional de las cuidadoras. Esta contradicción entre la necesidad de cuidados y su invisibilización y falta de reconocimiento se conoce como la "crisis de los cuidados", así lo han denominado varias autoras de la economía feminista. Frente  a esta necesidad de poner en valor la enorme cantidad de tareas “invisibles” pero esenciales para la supervivencia humana es que en 1983 se estableció el 22 de julio como el “Día Internacional del Trabajo Doméstico”. 

En Argentina, la Dirección de Economía, Igualdad y Género presentó en 2020 un informe donde se detalla que las mujeres aportamos diariamente 96 millones de horas a criar, planchar, cocinar, limpiar, cuidar, sin recibir nada a cambio. Además argumenta que si todo ello se pudiera  monetizar representaría un total de $ 3.027.433 millones de pesos al año. Para tener dimensión de lo que esa cifra significa, el informe precisa que la industria aporta $3.324.163 millones al PBI, y el sector del comercio, $3.267.584 millones. "Es decir, las mujeres aportan 3 veces más al PBI en el sector con mayor relevancia y más invisibilizado de toda la economía nacional”. A las tareas tradicionales de cuidado el contexto de pandemia sumó las de apoyo escolar y asistencia a familiares con covid.19 que también han recaído centralmente en las mujeres. 

Katrine Marçal, autora de "¿Quién le hacía la cena a Addam Smith?", habla de una "segunda economía" desarrollada por el famoso "segundo sexo" que aporta grandes cantidades de plusvalía al sistema productivo sin que se lo mencione, sin embargo sobre estas actividades  se desarrolla toda la economía mundial.  Por su parte, Almudena Hernando en su libro "La fantasía de la individualidad" explica cómo se ha construido la autonomía de los varones sobre los roles desempeñados por sus madres, esposas, novias e hijas. 

La española Amaia Pérez Orozco introduce el concepto del "hombre champignon" porque como los hongos, germinan de la noche a la mañana sin seguridad de su procedencia. Aparece en el trabajo de jornada full time con la camisa lavada y planchada, bien alimentado y listo para tener un día productivo. Parece completamente autosuficiente. Sin embargo, su sola presencia no se sostiene por sí misma. ¿Quién le plancha las camisas? ¿Quién cuida a sus hijxs? ¿Quién le lava la ropa? ¿Quién hace las compras de la semana? Todo esto y más fue sostenido históricamente por sus parejas. Apartadas en el hogar, lejos de las tareas productivas hasta no hace mucho y sin reconocimiento alguno. 

Es vital, entonces, revalorizar y resignificar las tareas del hogar. Hacer los análisis necesarios sobre nuestras actividades cotidianas con las herramientas conceptuales que nos hemos brindado, nos posibilitará no solamente entender la sociedad que estamos habitando, sino también  poder elaborar los cambios necesarios para construir sociedades más justas y menos violentas. 

Para este fin uno de los cambios que urgen es el abandono del modelo tradicional en el cual el varón ayuda o se involucra parcialmente en las responsabilidades domésticas, en el mejor de los casos, por un esquema de co-responsabilidad donde las personas que habitan un hogar comparten de manera equitativa las responsabilidades diarias que hacen posible la reproducción de la vida. Sumado a esto,  la reciente y aún tímida incorporación de la economía del cuidado a la agenda de políticas públicas pueden construir un camino menos ríspido para la incorporación de las mujeres al mercado laboral actual.