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Alejandro Vazquez y cómo ser resilientes

El docente y conferencista internacional, especializado en temas de Desarrollo Humano, plantea que las personas podemos desarrollar la capacidad de superar todo tipo de adversidades. "Es todo un arte enfrentarse a las dificultades de la vida", remarcó Vazquez. En la nota, nos explica cómo lograrlo.

19 de mayo de 2021, 23:08.

Alejandro Vazquez y cómo ser resilientes

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Sin dudas la pandemia puso a prueba a la sociedad, en general, para buscar herramientas que ayuden a afrontar la difícil situación producto del COVID-19. Para Alejandro Vazquez, esto es posible porque “Todas las personas pueden desarrollar una actitud resiliente que les ayude a ser más fuerte que la tragedia, el dolor, el odio, la tristeza o el error”.

Vazquez ha capacitado a más de 20 mil personas en sus masivos talleres por Mendoza, Argentina, Colombia, Uruguay, Brasil y Chile. Hoy es uno de los pilares de la formación para el desarrollo humano dentro de la  Secretaría Académica de la UNCUYO tanto que, en septiembre del año pasado, tuvo a cargo el Ciclo de Formación sobre “Cómo superar la Crisis” brindando tips para ser resilientes.

¿Qué es la resiliencia?

Luego de varias lecturas, reflexiones y meditaciones arduas, entiendo que el modo más sencillo, pero no menos importante de definirlo, es hablar de la resiliencia como aquella capacidad que tenemos todas las personas para enfrentarnos y sobreponernos a las situaciones difíciles de la vida. Es un término que viene del campo de la física y refiere a la capacidad de re-botar (o volver a su esencia) que tienen algunos objetos cuando están sometidos a fuertes tensiones externas. Lo que sucede es que a diferencia de los objetos, las personas pasamos por grandes tensiones vitales pero nosotros no permanecemos indiferentes a las fuerzas que nos somete la vida. Es todo un arte enfrentarse a las dificultades de la vida.

¿Cómo es una persona resiliente?

Como seres psicológicos que somos, le atribuimos un significado especial a cada una de nuestras vivencias. Así, ante la crisis o el trauma, generalmente, le atribuimos una interpretación negativa a partir de la cual desarrollamos un pensamiento y actitud rumiante, es decir,  nos quedamos dando vueltas sobre  lo que paso pero  esta vez sufriendo, intentando cambiarlo o resistiendo; Sin embargo, la persona resiliente desarrolla otras actitudes: observa, analiza, interpreta y actúa a partir de  lo acontecido.  Estas son personas de recursos: más allá de todo escenario adverso, ellas logran realizar una metamorfosis y salir de la herida transformándose positivamente en una mejor versión de sí. Es decir, reconocen la huella del trauma vivido pero logran afrontarlo de manera tal que pueden narrar lo acontecido desde una perspectiva más soportable, incluso distinta, ofertando una narración basada en la fortaleza y humanidad obtenida luego de atravesar por esas experiencias.

 ¿Quiénes pueden ser resilientes?

Si bien la resiliencia es una capacidad que todas las personas tenemos, son pocas las que logran hacer de la tragedia, el dolor o el sufrimiento un acto de aprendizaje. Esto se debe a que ser resiliente demanda poner en juego muchas conexiones psíquicas, emocionales, intelectuales, físicas, espirituales de modo armónico, equilibrado.  Todo esto, requiere tiempo, compromiso y un gran esfuerzo personal que atenta contra la inmediatez a la que estamos acostumbrados.

Todas las personas pueden desarrollar una actitud resiliente que les ayude a ser más fuerte que la tragedia, el dolor, el odio, la tristeza o el error.  Ser resiliente es un arte que todos y todas podemos desarrollar: habrá quien pueda desplegar recursos y estrategias de afrontamiento positivas por sí, y otros/as necesitarán de la guía y orientación de un profesional. Ambos caminos son totalmente válidos, y necesarios, si se quiere alcanzar un estado de bienestar que perdure en el tiempo.

¿Cuál es para usted la principal estrategia para afrontar la adversidad?

 No existe una estrategia que se pueda utilizar de modo universal. Cada persona tendrá que descubrir sola o con ayuda profesional cuál/cuáles necesita desplegar para sí y su contexto.

Hecha esta salvedad, en mi experiencia personal y profesional, muchas veces, el primer gran paso consiste en saberse  rotos, perdidos y vulnerables, algo que nos cuesta bastante porque vivimos en una sociedad que se caracteriza por el desmedido afán de rendimiento y éxito que nos presiona a ser siempre jóvenes, productivos y económicamente exitosos.  Sin embargo, cuando nos reconocemos en esa fragilidad podemos conocer nuestra verdadera esencia, nuestros límites, nuestras fortalezas, necesidades y recursos.

En la actualidad muchas personas están transitando esa vulnerabilidad por primera vez debido a la pandemia y todas sus consecuencias. Un sinfín de gente se siente angustiado, estresado, ansioso, con miedos y fobias ante este escenario de incertidumbres y amenazas  constante que trajo el covid-19. Lo importante es poder reconocer esos estados emocionales; nombrarlos (siento miedo, ansiedad, tristeza…) y aprender a regular la intensidad con la que se viven, en otras palabras, identificar cuánta de esa emoción me permite estar a salvo y, cuándo estoy paralizado por exceso de la misma.

En otras palabras, afrontar la adversidad implica, darse cuenta de lo que sucede y darse tiempo para actuar; Que uno vea las cosas, no es sinónimo de que siempre pueda con ellas. La mayoría de las veces solo se necesita hacer un pacto con la realidad: hoy fuerzas más grandes que las de uno y, ahora, es en vano salir al campo de batalla. Es vital saber hacer campamento para llegar sanos a la cumbre.

¿Cuáles son para ustedes los principales desafíos que tenemos a partir de esta pandemia?

En el orden de lo colectivo creo que tendremos el desafío de poder colocar a diario la esperanza por encima de toda incertidumbre. Y a nivel individual, el mayor desafío será, como decía Séneca: “Saber sacar agua del propio pozo.” Es decir, poder desplegar e inventar recursos sanos que nos permitan no solo afrontar la adversidad sino también transformarla en una oportunidad. Al fin de cuentas en eso consiste la resiliencia que tanto se habla.

En conclusión a sus palabras, Vazquez plantea que para afrontar las situaciones difíciles es necesario "regular las emociones" donde el trabajo consiste en asimilar el miedo para que no nos gobierne. Poder “aceptar” y reconocer el problema sirve para afrontarlo e intentar solucionarlo, saber exactamente en el estado que estamos y dejar la inexistencia en lo que no pasa para permitir sanar y ser plenos. Con esto se refiere a la capacidad que tenemos los humanos de ser “resiliente”.