La UNCUYO impulsó un ciclo de contenidos para visibilizar el trabajo de los distintos clústers de Mendoza y destacar el valor de la articulación entre empresas, instituciones y organismos públicos. En este marco, la experiencia de la FEPEDI refleja cómo el trabajo colaborativo, la innovación y la construcción de una agenda común pueden fortalecer sectores estratégicos y contribuir al desarrollo productivo de la provincia. La UNCUYO acompaña estos procesos aportando conocimiento, investigación y vinculación para potenciar el impacto de cada ecosistema productivo.
El origen de la Federación se remonta a los primeros años de la década del 2000, cuando distintos actores del sector, junto a organismos públicos y entidades científico-tecnológicas, comenzaron a trabajar en la construcción de un plan estratégico que permitiera superar desafíos históricos y fortalecer la competitividad de una actividad clave para la provincia.
En este proceso participaron instituciones como la UNCUYO, el INTA y organismos gubernamentales, contribuyendo a la conformación de un espacio de diálogo permanente que hoy reúne a productores e industriales bajo objetivos comunes.
Para Alfredo Baroni, gerente de FEPEDI, uno de los principales aportes de la federación ha sido generar una instancia de construcción colectiva:
“El primer gran logro fue sentar en la misma mesa a productores e industriales. Antes predominaba la discusión permanente; hoy podemos construir soluciones conjuntas para toda la cadena productiva”.
A lo largo de su trayectoria, FEPEDI ha impulsado iniciativas de alto impacto para el sector. Entre ellas se destacan la representación argentina en el Congreso Mundial del Durazno para Industria, la elaboración del Manual de Durazno para Industria junto a la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCUYO y el desarrollo de una de las redes de agricultura de precisión para cultivos intensivos más importantes del país.
Actualmente, la federación cuenta con una red de 25 estaciones agrometeorológicas que brindan información estratégica para la toma de decisiones productivas, permitiendo optimizar el riego, prevenir heladas y mejorar el manejo de los cultivos.
La experiencia demuestra cómo la organización sectorial puede transformarse en una herramienta para impulsar proyectos que difícilmente podrían desarrollarse de manera individual. Desde campañas de promoción del consumo hasta investigaciones sobre nuevas variedades y mejoras tecnológicas, el trabajo colaborativo ha permitido ampliar el alcance y el impacto de las acciones.
En ese sentido, Baroni destaca que la principal fortaleza de los clústers radica en la capacidad de construir consensos y generar una agenda común:
“Hay acciones que son imposibles de lograr desde una empresa o un productor por separado. Un clúster permite unir esfuerzos, potenciar recursos y, sobre todo, generar diálogo. Lo más valioso es que deja de lado la discusión para construir soluciones entre todos los actores del sector”.
La experiencia de FEPEDI refleja el potencial de los procesos de clusterización para fortalecer cadenas productivas estratégicas, promover la innovación y generar condiciones que favorezcan el desarrollo económico y territorial de Mendoza.