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Tribus Urbanas: un ‘nuevo’ modo de relacionarse

Son la expresión de una crisis de sentido a la cual nos arroja la modernidad. Representan una subcultura del mundo hegemónico. Encuentran en ella la posibilidad de incrementar su experiencia de vida y la afectividad colectiva. Los punks y los skins son los ejes extremos donde oscilan el resto de las tribus.

11 de octubre de 2005, 08:59.

Por Cristina E. Mancin

Agencia Taller -Departamento de Sociedad y Movimientos Sociales

mancincristina@yahoo.com.ar

Desde hace unos años, los jóvenes tienen la necesidad de desconectarse del mundo adulto para poder construir su propio espacio. Según García Canclini, esta no es la única forma a través de la cual los adolescentes se desvinculan, también construyen su propio espacio generacional no aislándose sino relacionándose de otra manera, a través de páginas web, el chat, la música, etc. Construyen sus diferencias entre conexiones y desconexiones.

Una forma de vínculo que se utiliza en la actualidad es la construcción de un movimiento, en el que ellos se sientan representados y en donde puedan expresarse con total libertad. En este sentido, las tribus urbanas no son un fenómeno nuevo, ya que desde hace algunas décadas se ha fomentado la existencia de grupos compuestos por gran cantidad de personas por todo el mundo. Aunque en Latinoamérica aparece hace sólo algunos años, este fenómeno se ha intensificado. Las tribus más conocidas son los punks, los skins, los redskins (skins antirracista), los góticos, los hippies, los mods, los rockers y los dark entre otros. Los punks y los skins son las tribus paradigmáticas, constituyendo los dos ejes extremos, en cuanto a su idiosincrasia, donde oscilan el resto de las tribus existentes.

¿Qué ha llevado a esta forma de relacionarse? Podemos quizás explicarlo a través del contexto en el que, como ciudadanos, nos vemos inmersos. Según Alain Touraine, la idea de sociedad ha sido reemplazada por la de mercado, dividiendo a la sociedad en tres clases sociales: los que responden al mercado, los consumidores y los excluidos. La sociedad está fragmentada. Se acentúa la diferencia entre ricos y pobres. Esto produce desempleo y marginación. Los excluidos se ven devorados, sostiene Touraine, por la anomia, empujados a la delincuencia y a integrarse en guetos, es decir, comunidades de vecindario o de etnias.

Los movimientos juveniles son característicos de esta nueva coyuntura social. Los adolescentes han comenzado a construir un mundo separado al de sus progenitores, en donde tienen sus propios valores y normas, diferenciados de los modos tradicionales de vida social.

Según Zarzuri y Ganster, “las Tribus Urbanas…son la expresión de una crisis de sentido a la cual nos arroja la modernidad, pero también constituyen la manifestación de una disidencia cultural o una ‘resistencia’ ante una sociedad desencantada por la globalización del proceso de racionalización, la masificación y la inercia que caracteriza la vida en las urbes…donde todo parece correr en función del éxito personal y el consumismo alienante.”

Los jóvenes que participan en estos grupos, generalmente, son menores de 25 años. Encuentran en ellos la posibilidad de intensificar su experiencia de vida y la afectividad colectiva, el contacto con sus pares, y principalmente la posibilidad de construir su propia identidad, alejada de aquella impuesta por un mundo homogéneo.

En estos agrupamientos juveniles, sostienen Margulis y Urresti, prevalece el ‘estar juntos sin más’, los microclimas grupales, las atmósfera estética, la sensibilidad, el compartir estados de ánimo, e impera lo afectivo de forma irracional. No tienen en cuenta las tareas sociales, los imperativos éticos, la capacidad operativa, ni el desarrollo de estrategias instrumentales.  Por esto, aseguran estos autores, predomina la ausencia de fines y  el peso de las motivaciones inmediatas. 

La mayoría de las tribus urbanas constituyen en sí mismas un virtual punto de conexión de discursos de disidencia y desestabilización del orden establecido. Representan una subcultura en el mundo hegemónico.

El movimiento supone un conjunto de juegos, rituales, como también códigos de representación. Uno de estos códigos que permiten constituir estas subculturas es el look, la apariencia estética propia. Es lo que  afirma una identidad grupal, una proximidad. Es un símbolo a través del cual se hallan los lazos de pertenencia y de unión mutua.

La música y el espectáculo deportivo son los dos circuitos más fuertes a través de los cuales canalizan sus energías vitales, se constituyen en las válvulas de escape de mejor y mayor  beneficio emocional.

Las actitudes violentas de algunos grupos, como los skins, implican una imagen que les permite reconocerse así mismos y que los pares se reconozcan en él. Las tribus no disimulan los hechos delictivos, se diferencian de las pandillas juveniles tradicionales porque estas tienden a ocultarlos.

Dentro de los  grupos urbanos las nuevas formas de autoridad y de socialización se están dando a través de los medios audiovisuales, Internet y el consumo de bienes y servicios. La red es utilizada para exponer sus ideologías. Internet permite no solo la venta de productos, como música y ropa que utilizan, sino también que los integrantes de las distintas tribus urbanas puedan virtualmente reunirse, organizarse e intercambiar experiencias.

 

Fuentes:

Touraine, Alain. “Critica de la modernidad”. Fondo de la cultura. Bs. As.

Margulis, Mario y Urresti,  Marcelo. “Buenos Aires y los jóvenes: las tribus urbanas”.

Zarzuri, Raúl y Ganter Rodrigo. “Tribus Urbanas: por el devenir cultural de nuevas sociabilidades juveniles”. Revista de Trabajo Social ‘Perspectivas’. Año 6, nº 8. 1999.

Carles Feixa, María del Carmen Costa, Joan Pallarés. “Movimientos juveniles en Cataluña: de los ocupas a los ravers”.

Página 12. Entrevista a Néstor García Canclini.

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